Nativos digitales: nacidos con la red I

Post original by Javier Velilla

La gran mayoría de la sociedad española está formada por cuatro generaciones distintas: la generación baby boom, la generación X, la generación Y, y, por último, la recién incorporada generación Einstein (acuñada recientemente por el consultor experto en el mundo de los jóvenes, Jeroen Boschma).

  • Generación tradicional (GT) >>> Nacidos hasta 1950 >>> Mayores de 58 años
  • Generación Baby Boom (BB) >>> 1951-1964 >>> Entre 57 y 44 años
  • Generación X >>> 1965-1983 >>> Entre 43 y 25 años
  • Generación Y >>> 1984-1990 >>> Entre 24 y 18 años

Cada una de estas generaciones posee sus propias aspiraciones y, en última instancia, crea una realidad social propia. Por ejemplo, la Generación Y nacida en los años ochenta sólo conoce la democracia, son multimedia, multitarea, globales… En ocasiones se les denomina Generación Why, una denominación que define el carácter crítico de la mayoría de la generación. Pese a que los sociólogos señalan que en los últimos 20 años no se ha producido una ruptura social importante –como el Mayo del 68– sí se ha registrado una verdadera “revolución silenciosa” (Inglehart, 1991).

Un ejemplo vinculado con la tecnología es suficiente: ahora muchas de estas personas no polemizan ni piden permiso: actúan en blogs, redes sociales, plataformas colaborativas…

El grueso de los trabajadores que en estos momentos están activos en las sociedades occidentales nació después de 1965. En España, por ejemplo, las personas entre 16 y 44 años representan el 44,1% de la población (cerca de 20 millones según el INE), todos ellos en edad de trabajar. Al margen de determinados absolutismos que otorgan un único papel a las generaciones, es evidente que las personas menores de 25 años comparten un conjunto de experiencias comunes entre las que destacan la digitalización, el amplio acceso a la cultura (especialmente audiovisual) y el (hasta hace bien poco) crecimiento económico ininterrumpido.

Además, su propio esquema mental tiene características propias: los menores de 6 años en Estados Unidos destinan casi dos horas diarias frente a una pantalla (1:58), casi el mismo tiempo que jugando en la calle (2:01) y mucho más que leyendo (0:39 minutos). Estas personas -que autores definen como nativos digitales– representan sin duda una futura nueva mayoría social y económica que comparte unas referencias culturales determinadas.

Lo que Inglehart explicita en sus trabajos académicos es que estas variaciones en las orientaciones personales reflejan, en última instancia, diferencias en la experiencia socializadora: es decir, en el condicionamiento y, posteriormente, en el aprendizaje. Una de las consecuencias, según su análisis, es que estos marcos (o frames) son difícilmente anulables y crean un espacio compartido por el que tiene cierto sentido el referirse a generaciones.

Así, el verdadero cambio social es imposible en una sociedad marcada por unos valores en los que está inmersa, pero permite grandes transformaciones a partir de personas que no comparten esas normas, esa tradición filosófico-moral, o esos valores. Y más aún, pues el cambio cultural en Inglehart tiene una clave especialmente biológica: “los jóvenes dan mayor importancia a metas posmaterialistas que los viejos y el análisis de cohortes indica que esto refleja en mucha mayor medida un cambio generacional que efectos de edad”.

Y es que, pese a que Inglehart afirma que sólo la naturaleza es biológicamente innata y transnacional, destaca que es más sencillo el cambio generacional que la conversión de adultos ya socializados, una apreciación que confirma la utilidad de la distinción entre inmigrantes y nativos digitales. Por ello, el cambio social es, bajo su criterio, “un proceso intergeneracional de cambio de valores” por que que se está transformando “gradualmente la política y las normas culturales de las sociedades industriales avanzadas”.

En este sentido, para Daniel Bell la política estadounidense desde 1920 hasta 1960 hay que entenderla como una batalla entre la tradición y el modernismo; a partir de 1960 –cuando la generación nacida a partir de 1945 sin una experiencia bélica directa empieza a alcanzar la mayoría de edad– el nuevo estilo cultural atacó de forma especial los valores burgueses y las pautas tradicionales de la vida norteamericana. Para el caso europeo el propio Inglehart lo expresa con las siguientes palabras:

“los europeos occidentales se vuelven más posmaterialistas entre 1979 y 1985 y probablemente seguirán haciéndose más posmaterialistas, pero el cambio creado por el reemplazo es relativamente lento. Porque el reemplazo poblacional es gradual en las sociedades industriales avanzadas que tienen tasas de natalidad y mortalidad relativamente bajas”.

Los viejos valores materialistas (altos ingresos, crecimiento, orden, seguridad) han sido y están siendo desplazados por nuevos valores posmaterialistas (autorrealización, participación, equilibrio ecológico…). La cuestión para los próximos años será qué consecuencias en la cultura política tendrá la emergencia y toma de preeminancia de una nueva generación nacida en un entorno digital que tiene sus propias reglas, códigos y valores compartidos.

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